Miedo a que cumpla

Una promesa supone un compromiso, cuando la pronunciamos estamos declarando que tenemos la firme voluntad de hacer algo y eso por lo general fortalece la confianza a la persona que la recibe o en su defecto, brinda el derecho de reclamar por lo acordado.

En el mundo de la política y durante los años, las promesas se han convertido en simples palabras cuya función es rellenar discursos y servir como el placebo que los políticos usan  para seguidores, correligionarios y ciudadanos en general, una simple sustancia inerte, sin fondo alguno.

Es irónico pensar que podría darnos miedo un político que cumpla todo lo que promete, incluso pienso que es una posibilidad que se difumina cada día mas en la mente de los ciudadanos. En general uno tiene miedo que el político no cumpla lo que dijo, aunque de cierta forma eso ya lo esperamos y  llegado el momento lo reprochamos.

Pero en algún lugar del mundo la ironía que antes mencioné se está produciendo; encontramos un espécimen extraño dentro de la política, mucha gente al rededor del mundo tiene miedo, y sí, es miedo a que por fin un político cumpla con sus promesas. 

El Presidente de los Estados Unidos de América ha honrado compromisos con sus votantes y un ejemplo claro es lo que hizo la semana pasada al considerar a Jerusalén como capital de Israel. Todo esto parece incompresible y a simple vista surrealista.

Ser un político que cumple lo que promete supone un vinculo solido e inquebrantable con seguidores y aliados, pero para el señor Trump supone algo más que eso, supone saciar esta imperiosa hambre de caos.

Hasta ahora podemos afirmar que estamos ante un político que cumple, que no teme y que tampoco cuenta con el autocontrol que todo mandatario usa en sus gestiones, esto supone sorpresa y dificulta el hecho de que comprendamos una mente tan compleja como la de Trump.

Sin más tapujo, Trump inicio los preparativos para que la embajada de EU cambiara de sede, acción que provocó el rechazo de casi todo el mundo pero que a la distancia parece reforzar la imagen caótica del mandatario que sigue cumpliendo con su promesa de “agitar las cosas” y que incluso lo traslada a una zona que pocos pueden presumir haber estado: un presidente vale tanto como su palabra.

Una vez más nos indignamos con una decisión de Mr. Trump, una vez más la gran mayoría repudia y descalifica sus ya tan conocidos “arrebatos”, incluso nos hace preguntarnos: ¿no ya era Jerusalén la capita de Israel?. Pero que importa ¿cierto?, desde la perspectiva casi universal todo lo que venga de Trump trae consigo un aditivo negativo, pero nos olvidamos de algo, algo que nuestras emociones no permiten que veamos, Donald Trump no nos habla a nosotros, Donald Trump le habla a sus ultraleales seguidores y a los líderes aliados, le habla a Israel.

Sus motivos tendrá, hasta ahora el presidente no ha pagado un precio visible o tangible por cumplir con sus controvertidas promesas, quizá esta tomando demasiados riesgos, incluso a nivel internacional, pero cuando lleguen las cuentas finales veremos si su estrategia dio resultado para EU. Por lo pronto, nos da miedo y como no si está cumpliendo todo lo que prometió.

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